27.8.16

Tal vez, porque siempre había contemplado la muerte como una abstracción, o un trance ajeno y lejano, el hallazgo de sentirme con vida me sumió en la más profunda y aterradora desesperación.

Desperté rodeado de una débil claridad, aterido de frío, sangrando, con el cuerpo empapado y el cabello recubierto de guijarros y arena húmeda. Intenté recordar la fórmula, el mecanismo habitual para que mi cerebro emitiera una orden y las rodillas se doblegasen, obligaran al resto de mi cuerpo a erguirse, a aspirar el aire gélido, a devolver la circulación a mis venas, el calor a las manos sin vida. El empuje de una ola, estrellándome contra una roca, decidió por mí. No tuve más remedio que asirme de un saliente, hacer acopio de mis escasas energías y ponerme en pie.

La niebla me impedía ver más allá de unos pocos metros, pero pude percatarme, con cierta precisión, del lugar en que me hallaba. No era una playa, sino el simple llano del rompiente al que las mareas, en su retroceso, habían dejado el espacio suficiente para que, por designios de la Fortuna, yo pudiese algún día narrar esta historia.

FERNÁNDEZ CUBAS, Cristina. 1985: El año de Gracia, Barcelona: Tusquets Editores, pp. 63-64.

Esta foto es muy, muy importante.
(Fuente con spoiler)


/ En contexto: En el festival Celsius 232 de este año, entre cañas y libros, acudí a la presentación de una autora que solo conocía por haber sido nombre en la lista de escritores escogidos como materia de lectura en la selectividad catalana. Ella era y es Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945).
/ La charla fue una delicia. Entre tantos relatos mencionados tanto por ella, Elia Barcelón y Cristina Macía, que forman el grueso de su bibliografía, Cubas nos habló de El año de Gracia, una de las tantas historias que he leído para la maratón breve. No voy a desgranar el argumento, que nos resumió un par de minutos, pues perdería la gracia (esta es mía).
/ En este diario personal, si se le puede llamar de algún modo, el narrador nos habla de sus aventuras y posteriores desaventuras en un año de Gracia (sí, en mayúscula). Si algo de especial tiene este libro son las referencias literarias, que pueden salvar más de una vida. Se empieza a leer por el narrador pero te quedas en la historia por otros motivos. Sin duda, este es uno de los mejores libros que he leído este año.
/ En cuanto lo hayáis leído (porque espero que lo leáis), podéis pinchar en el enlace a modo de fuente de la imagen de arriba, aunque el apéndice os dé muchas pistas sobre el germen de la historia.

17.8.16

Maratón breve

Como bien sabéis, tengo muchas lecturas pendientes (actualizadas a día de hoy, por cierto). ¿Y qué hago yo apuntándome a un reto? Pues intentar adelantar unas cuantas, además de sacarme de encima obras que llevan tiempo en casa.

Para participar en la maratón breve, creada por Clara de Fábulas estelares, se puede escoger cualquier obra de menos de 200 páginas y leerla entre el 22 al 28 de agosto. Si tenéis Twitter, podéis comentarla bajo la etiqueta #maratónbreve.

¿Y qué obras he escogido yo, os preguntaréis? Pues de todo un poco: clásicos, contemporáneos, relatos, narrativa, teatro e incluso cómics. Es posible que no los lea todas, pero caerán la mayoría.
Estas son (en paréntesis, las páginas):

Cómic

  • Las mil y una noches: el manga (200)
  • Meditaciones: el manga (200)
  • Cruzando el bosque, Emily Carroll (208)

Teatro

  • Macbeth, William Shakespeare (128)

Narrativa

  • The bloody chamber and other stories, Angela Carter (149)
  • El año de gracia, Cristina Fernández Cubas (168)
  • País de nieve, Yasunari Kawabata (158)
  • Pèl de panotxa, Jules Renard (216)
  • Silencio en Milán, Anna Maria Ortese (170)
  • Homo homini lupus, Robert Shearman
  • El cerebro del más allá, Ian Watson (150)
  • Flush, Virginia Woolf (160)
  • Kitchen, Banana Yoshimoto (208)

Ensayo y filosofía

  • L'elogi de la follia, Erasmo de Rotterdam (165)
  • Dones i literatura, Virginia Woolf (204)
  • Un cuarto propio, Virginia Woolf (150)

¿Qué os parecen? ¿Habéis leído alguna? ¿Os habéis apuntado? Y de ser así, ¿coincidimos en alguna lectura? En todo caso, os iré comentando a lo largo de la semana que viene en mi cuenta de Twitter.
¡Buen agosto!

14.5.16

— [...] Si eso te ayuda, si quieres te cuento lo que me pasó cuando conocí a John, ¿te apetece?

Le digo que sí. Me gusta la autobiografía y me gusta ella.

—Me pidió que fuese a verle a su casa de Belsize Park. Yo estaba pasando el verano con mi tía en Cadogan Square. Cuando llegué allí me lo encontré en el sofá con un joven guapo. Se estaban besando con mucha pasión. Yo no era ni mucho menos tan sofisticada como tú. Era muy mojigata. Una desgraciada con el pecho plano, una cristiana de clase alta, abotonada de cachemira hasta el cuello. El producto de una niñera escocesa y un internado para niñas. Jacob me encontró en el rellano, pálida. Era el vecino de arriba de John. Se llevaban a matar. Me convención de que en el mundo de 1945 había cosas peores que un poco de sexo atípico. Se portó muy bien conmigo y lo pasamos genial. Me desmontó los pensamientos y tuve que ir recogiendo las piezas para volver a montarlos. Pasé la noche con él, para mi grandísima sorpresa. Yo era entonces una puritana mojigata. John pasó la noche en el piso de abajo con su novio. Nos vimos los cuatro en el desayuno. La cocina era compartida. Yo llevaba el pijama de Jacob, y John y su novio idénticos jerséis de pescador noruego, como esos que se ven en los patrones de costura: el cuello en pico y el botón abrochado. Los había hecho la madre de John, uno para él y otro para el novio. Una mujer espléndida, la madre de John. Jacob iba desnudo de cintura para arriba, como pelo brotando de cada folículo.

Me encanta su afición al chismorreo y su secretismo. Nos vemos arrastradas a la intimidad no solo por el melodrama del huerto de cebollas, o por la feliz e inesperada afinidad entre nosotras, sino por una necesidad vital que creo que yo satisfago. Ella ha sacrificado, como hacen las mujeres, distantes amistades femeninas en aras de un matrimonio satisfactorio. Se ha diluido en la tribu de académicos, bohemios y políticos (todos ellos hombres) que rodean a su marido así como de niños también predominantemente varones. Establece rápidas conexiones con la claridad lógica de la alucinación. Luego me cuenta que a los tres días de conocer a Jacob dejó Oxford y se fue a vivir con él.

—Por entonces era mucho más divertido. Y de repente, todo aquel sexo maravilloso —dice, con su voz de directora de colegio— cuando a una le habían hecho creer que sería una complicación.

Me hace un resumen de su vida que recuerda a una comedia dieciochesca. Está la hija que se escapa, el padre intransigente, el amante foráneo, el súbito flechazo amoroso y, por supuesto, los sinsabores de siempre.

TRAPIDO, Barbara. 2016: El hermano del famoso Jack, Barcelona: Libros del Asteroide, pp. 39-40. Traducción de José Manuel Álvarez Flórez.

/ Este no es el primer asteroide (como los llama cierta persona) que leo, pero ha sido el segundo y bien seguido.
/ En contexto: Katherine, la protagonista, escucha el relato bien ácido de Jane, la mujer de su profesor de filosofía; este es Jacob Goldman, un señor del que lees una no-dedicatoria de su próxima novela a ella, porque nunca, nunca le corrige sus novelas. Un hombre del que la observadora Katherine dará buena cuenta en el primer fin de semana que pase con los Goldman.
/ Porque una de las cosas que te llama tras reflexionar muchísimo tiempo después, aparte del uso del tiempo presente en los años ochenta, es eso. El tiempo. Un fin de semana ocupa media novela. Seis años con un fascista italiano (sic), dos líneas («Michele nunca se mudó. Compartimos el piso intermitentemente durante los seis años siguientes»).
/ Y los personajes, identificables desde la primera línea. Jacob y Jane. Roger y Jonathan, sus hijos, dos caras de la misma moneda. John Millet, el desencadenante de toda la novela. Y la historia de Katherine, con los sinsabores de siempre.
/ Aunque El hermano del famoso Jack (Brother of the More Famous Jack (1982)) fue la primera novela de Barbara Trapido, en España ya se habían publicado Malabarismos (Juggling (1994)) y más recientemente Sexo y Stravinsky (Sex and Stravinsky (2010)).
/ ¿Que os entra la curiosidad? En español os dejo la ficha y una reseña más específica de Rusta, que es de admirar. En inglés os dejo un artículo sobre la trayectoria de Trapido y una entrevista donde habla de este y de sus otros libros. Porque sí, hay cierta relación entre ellas. David Mitchell no es el único, oigan.
/ ¿Y quién es "el famoso Jack"? Este señor.