29.8.15

En el pórtico del templo de Milford, el sacristán tiraba afanosamente de la soga de la campana. Encorvados, los ancianos del pueblo se acercaban por la calle. Los niños, con sus cara luminosas, brincaban de alegría al lado de sus padres o imitaban un paso más solemne, conscientes de la dignidad de sus atuendos de domingo. Los acicalados solteros miraban de reojo a las lindas doncellas, imaginándolas más bonitas bajo el sol del sabbat que durante el resto de la semana. Cuando la mayor parte de la muchedumbre hubo cruzado el porche, el sacristán hizo sonar la campana, con la mirada puesta en la puerta del reverendo Hooper. La aparición de la figura del clérigo era la señal para que el repiqueteo cesara.

—¿Pero qué se ha puesto el buen párroco en la cara? —exclamó atónito el sacristán.

Los que lo habían oído se volvieron de inmediato a mirar el semblante del señor Hooper, que avanzaba lenta y meditativamente hacia el templo. Todos se sobresaltaron, más asombrados que si un pastor desconocido hubiera sacudido los cojines del púlpito del señor Hooper.

—¿Seguro que es nuestro párroco? —preguntó Goodman Gray al sacristán.
—Por supuesto que es el señor Hooper. Hoy tenía que intercambiar el púlpito con el párroco Shute, de Westbury; pero ayer éste se excusó porque debía oficiar un funeral.

Quizá el motivo de tanta perplejidad parezca bastante trivial. El señor Hooper, un caballeroso párroco de unos treinta años, si bien todavía soltero, vestía con la debida pulcritud clerical, como si una abnegada esposa le hubiese almidonado la faja y cepillado el atuendo dominical. Sólo había en su aspecto un detalle a destacar. Envolviéndole la frente, y colgando sobre su cara hasta el punto de poder agitarse con el aliento, el señor Hooper llevaba un velo negro.

SIRUELA, Jacobo (ed.). 2013: Antología universal del relato fantástico, Girona: Atalanta, pp. 177-178. Traducción de Marcelo Cohen.  
/ Esta cita de sábado, un poco más extensa que las anteriores, pertenece a un cuento de Nathaniel Hawthorne, "El velo negro del pastor", publicado en 1836 en una revista llamada The Token and Atlantic Souvenir y publicado al año siguiente en el primer volumen de recopilación de sus cuentos, Twice-Told Tales (Cuentos contados dos veces, en español publicado por Acantilado en 2007).
/ Este cuento, de momento, se ha convertido en uno de mis favoritos de esta antología, sobre todo por el gran uso del ambiente y los temas que toca, como el pecado, el arrepentimiento y la moralidad, además del miedo de los feligreses al señor Hooper, la aceptación del pecado que todo el mundo lleva dentro...
/ Si queréis saber algo más, aquí (en inglés) hay un resumen y análisis de este cuento, y Álvaro José Freile lo analizó a través del método de composición de Poe.
/ ¿Y cómo es que me he puesto a leer esta antología (muy recomendable, de paso)? Por dos razones. La primera es que considero que quiero leer más cuentos, un formato un poco olvidado en nuestro país, y la otra es que así profundizaré en la historia de la literatura fantástica. Este libro cumple con ambas. Además, es interesante leer autores considerados clásicos en un formato breve, y con buenas traducciones, como esta.

E incluso, como veis, he encontrado una adaptación en cómic.

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